Mi mascota;
La
historia de mi perro llamado “Palomo”, un samoyedo muy valiente, noble y que me
cuido unos 9 años de mi vida.
En
los tiempos que vivía por mi cuenta y había decido vivir de manera
independiente del ámbito de mi seno familiar, llegue a la delegación Álvaro
Obregón en busca de una vida de responsabilidades por mi cuenta y contar con un
espacio propio en una casa de un solo nivel, contando con un trabajo que me
permitía tener un nivel de vida cómodo.
Y
resulto en una mañana para salir a trabajar temprano note un perro blanco
peludo con una mirada profunda pero triste en la esquina donde tomaba mi transporte,
tenía una herida que la habían curado con azul de metileno en el costado de su
lado derecho de una de sus patas.
Parecía
que la habían abandonado, ahí en una esquina solo y observador de la gente que pasaba,
pasaron varios días y seguía en el mismo lugar sin moverse.
Comencé
a llevar agua y comida, pero
nadie se hacía responsable de él, sucedió de pronto de un día para otro que
escuche unas voces de unas chicas que hablaban con él y salí para quién era .Me
encontré que 2 chicas jóvenes las cuales les pregunte si eran las dueñas del
perro y me dijeron que lo habían encontrado en la calle herido y le pagaron las
curaciones con el veterinario y que no lo podían tener, porque tenían un pastor
alemán el cual se ponía agresivo con el samoyedo.
Me
pidieron que me quedara con él ya que
era posible que el antirrábico se lo llevara y que era un perro noble, de
pronto lo mire y me conmovía. La casa no era grande y el mismo tenía
un tamaño medio, pero quedamos con las chicas que lo cuidaba y que continuáramos
con las curaciones y así empezó un amistad entre mi amigo “Palomo” y su
servidor me acompaño 9 años de mi vida protegiéndome y haciendo sus travesuras.
Cómo
se fue es un misterio para mí aún, nos cambiamos de casa y mi amigo estaba muy
sucio como son blancos, tenía que bañarlo le pedí a la persona que me alquilaba
si me permitía bañarlo en su azotea, me dijo que sí, solo baje a calentar agua
en la cocina de la señora, cuando sentí que ya no estaba, lo presentí se había ido…subí
enseguida y no lo encontraba no estaba de pronto me asuste porque creí que se había
caído de la azotea ,me asome por las esquina de la casa , pero no había nada .
Baje
a preguntar si alguien lo había visto caer pero les daba risa que cayera un
perro blanco del cielo. No lo encontré.
Me
gusta pensar que es un ángel que Dios me envió en esa etapa de mi vida.
Gracias




